lunes, 24 de octubre de 2011

ANÁLISIS DE LA II PARTE DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA

DON QUIJOTE -II PARTE-






Miguel de Cervantes Saavedra


DON QUIJOTE (II P)

Resumen argumentativo del prólogo

El autor se dirige al lector a propósito de una edición de la segunda parte del Quijote, aparecida un año antes de la escrita por Cervantes, firmada por un tal Alonso Fernández de Avellaneda, cuya identidad real nunca se conoció y se refiere a las ofensas consignadas en la edición apócrifa contra Cervantes, en particular su edad y su condición de manco. Sobre lo primero contesta que “no se escribe con las canas, sino con el entendimiento”, y sobre lo segundo, que su manquedad no nació en una taberna, sino en una ocasión gloriosa (la Batalla de Lepanto), agregando que “el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga”.
Le solicita al lector que, si llega a conocer al imitador, le diga que no se siente agraviado, pues comprende las “tentaciones del demonio”, y que le narre dos cuentos alusivos a que no es tan fácil escribir un libro y al escarmiento que aquél habrá de sacar de su atrevimiento. Expresa no temer a la amenaza de Avellaneda en el sentido de quitarle ganancias con su libro y exalta la protección que ha recibido del conde de Lemos y de don Bernardo de Sandoval. Termina entregando al lector “A don Quijote dilatado, y, finalmente, muerto y sepultado, porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios.”


MUNDO NARRADO
Capítulos I y II
Las andanzas narradas en la primera parte de esta novela terminaron cuando don Quijote fue traído por sus amigos a su casa en una jaula. Ahora permanece en cama recuperándose de tantas calamidades. El barbero y el cura se abstienen durante un mes de visitarlo. Cuando deciden hacerlo, lo encuentran en principio lúcido, para alegría de ellos, de la sobrina y el ama. Pero basta con que se mencione que los turcos están preparando una gran armada para atacar a España, para que don Quijote exponga una solución: que el rey convoque a todos los caballeros andantes de la nación, los cuales, por pocos que sean, podrán dar buena cuenta de grandes ejércitos. Hay desencanto en los presentes que observan que el enfermo no se ha recuperado de sus ideas de caballerías.
El barbero narra un cuento acerca de un licenciado recluido en la casa de locos de Sevilla, que se considera curado y recurre a las autoridades eclesiásticas para ser dado de alta; cualquier duda sobre su cordura la atribuye a sus parientes que disfrutan de su hacienda y han sobornado al director del manicomio. Lo entrevista el capellán y casi se convence de que está sano, pero cuando otro loco de quien se despide amenaza con dejar sin lluvias a Sevilla, por ser este loco Júpiter, el licenciado se declara Neptuno y garantiza que hará llover cuanto sea necesario.
Don Quijote se exaspera con las comparaciones que “son siempre odiosas y mal recibidas”. Se extiende en una apología de los caballeros andantes mencionando a muchos de ellos y adicionando múltiples detalles de su apariencia física y aventuras, contradiciendo que se tratara no de seres reales sino ficticios. Llega Sancho Panza, a quien ama y sobrina reprochan ser quien ha distraído y sonsacado a don Quijote. Éste alega lo contrario e interviene el enfermo para apaciguar los ánimos y evitar más decires de su escudero.
Cura y barbero se despiden y se alejan conversando sobre los desatinos del hidalgo y el peligro inminente de que vuelva a las andanzas. Don Quijote, a solas, le hace ver la solidaridad que debe existir entre caballero y siervo y cómo ambos participan de sus mutuos dolores y amarguras. Le pregunta qué dicen las gentes de sus hazañas y Sancho le cuenta que lo tratan de loco, de irreverente con los cánones de la hidalguía y la caballerosidad por haber pretendido adoptar posiciones que no le corresponden, por ser pobre y carente de títulos; el mismo Sancho es tenido por todos como un tonto. Reserva para el final una noticia que lo tiene admirado y asustado, que ha sido traída por el bachiller Sansón Carrasco, quien viene de estudiar en la Universidad de Salamanca. Se trata de que circula un libro en el cual se narran las salidas de don Quijote y Sancho, con pleno detalle de personajes y aventuras. Don Quijote se interesa muchísimo y Sancho va por el bachiller.
Capítulos III – IV
Mientras Sancho va por el bachiller, don Quijote es presa de cavilaciones sobre el libro que narra sus aventuras y la manera como habrán sido tratadas éstas y su persona por el desconocido autor, cuya condición no alcanza a imaginar correctamente. Llega Sansón Carrasco y saluda a don Quijote como a un preclaro y reconocido caballero, trato de pleitesía considerado y no por fantasioso menos respetuoso, que perdurará de parte del bachiller hacia el hidalgo.
Sansón va dando cuenta a don Quijote y a Sancho Panza del libro, cuya autoría se atribuye a un autor moro. Allí se encuentran todas las aventuras de las dos primera salidas del caballero, inclusive los desenlaces desairados. Los tres personajes intercambian comentarios y opiniones a través de los cuales se establece que ha habido críticas al libro por incluir historias que nada tienen que ver con la historia de don Quijote, y por haber dejado sin explicación algunos sucesos como el robo del asno de Sancho. El transcurso de la conversación da lugar a la expresión de consideraciones y teorías sobre el oficio de la literatura y la historia.
Después del almuerzo y de la consabida siesta, Don Quijote, Sancho y el invitado Sansón Carrasco, reanudan el coloquio. Sancho explica cómo perdió y recuperó su burro en la primera parte de la novela, y se establece que la aparición de tal jumento después de perdido y antes de recuperado, se debe a un error del autor del libro; sobre los cien ducados hallados por Sancho, éste confiesa haberlos gastado en su persona y en las de su mujer e hijos. A una pregunta de don Quijote, Sansón informa que el autor del libro ha anunciado una segunda parte de la novela y que en el público hay diversas opiniones sobre tal posibilidad. Don Quijote anuncia estar dispuesto a efectuar una nueva salida y Sancho promete ser muy buen escudero, con ínsula o sin ella. El hidalgo encarga al bachiller escribir un acróstico a manera de despedida de su señora Dulcinea del Toboso.

Capítulos V –VI – VIII

Sancho Panza habla con su mujer, Teresa, y le anuncia su decisión de volver a salir con su señor don Quijote, con la esperanza de encontrar otros cien escudos y hasta llegar a ser gobernador de una ínsula. Teresa le da consejos para que se proteja y también tenga un buen desempeño si llega al gobierno; pero algo más práctico, le recuerda también las necesidades, en especial las de sus dos hijos. Derivan hacia la consecución de marido para María Sancha, la hija, y Sancho se explaya soñando en voz alta sobre el partido de alcurnia que podrá conseguir para su hija siendo gobernador. Teresa no está de acuerdo y defiende el principio de alcanzar la felicidad para su hija casándola con uno de su igual.
Entre tanto, don Quijote se enfrenta a la consternación de su sobrina y su ama por su próxima salida; ellas tratan de disuadirlo y le mencionan la alternativa de ser caballero de la corte, lo cual da lugar a disertaciones sobre las diferencias que hay entre los caballeros cortesanos y los andantes, siendo más meritoria esta última categoría, a decir de don Quijote. Continúa éste hablando de las cualidades que han de tener los caballeros y cómo esto no siempre se cumple por parte de muchos. Finaliza su discurso hablando acerca de cómo los linajes tienen cuatro orígenes y circunstancias, describiéndolos. Todo ello asombra a las mujeres que reconocen grande inteligencia y conocimiento del hidalgo.
Al ver que su señor se empecina en salir de nuevo, el ama recurre al bachiller Carrasco rogándole hasta desistir a don Quijote, mientras Sancho después de muchos rodeos pide un salario a don Quijote por los servicios que le prestará, advirtiendo que lo hace por exigencia de Teresa. Contesta el hidalgo que no hay antecedentes en los cánones de las caballerías en tal sentido; que los escuderos sirven a sus señores incondicionalmente y que suele ocurrir que resultan beneficiados de la fortuna de su señor, como efectivamente se llevará a cabo en el final de la novela.
Deja la decisión a Sancho de si lo acompaña en tales términos, no sin hacerle ver que “vale más una buena esperanza que ruin posesión, y buena queja que mala paga”, contestando refranes con refranes. Llegan el bachiller, la sobrina y el ama; aquél, muy afable, anima a don Quijote a no demorar su salida ni dejar que se imponga algún obstáculo; incluso se le ofrece por escudero, lo cual es declinado por el hidalgo. Sancho se conmueve y se compromete a ir de escudero. Sansón Carrasco se percata de que lo dicho en el libro sobre Sancho es acertado en cuanto personaje gracioso y solemne mentecato. Las mujeres reniegan de la actitud sorpresiva del bachiller que alienta a don Quijote a irse de aventuras, pero no saben que esto obedece a un plan maquinado con el cura y el barbero previamente. Equipados como debe ser en la noche, y acompañados media legua por el bachiller, parten caballero y escudero hacia la ciudad de El Toboso.

Capítulos VIII-IX-X

Prudente pero pertinazmente, Sancho trata de desengañar a don Quijote de la señoría de Dulcinea del Toboso, mostrándola como a una mujer del pueblo raso. El caballero opta por culpar a algún encantador enemigo. Esto origina cierta preocupación sobre si el autor de aquel libro donde se narran sus anteriores aventuras, pudo haber sido amigo o enemigo. Don Quijote cuenta casos en los cuales el desmedido deseo de fama ha movido hechos inauditos y perversos, como podría haber sido el caso del autor del libro. Sancho pregunta si es más importante resucitar a un muerto o matar un gigante, y con otras preguntas lleva a don Quijote a aceptar lo obvio, concluyendo Sancho que lo que deben hacer, es buscar con sus actos la santidad para ser venerados eternamente.
Llegan a El Toboso y don Quijote apremia a Sancho para que busque el palacio de la señora Dulcinea, poniendo en grave aprieto al escudero, quien en la primera parte de la novela había mentido al no haber ido a entregarle una carta de su señor a tal dama. Después de mucho discutir convence a don Quijote para que vaya a las afueras de la ciudad mientras él busca a la señora Dulcinea. Al amanecer don Quijote manda a Sancho a buscar a Dulcinea, encargándole observar cuidadosamente las reacciones y turbaciones de su amada ante el saludo que le envía.
Parte Sancho para El Toboso pero no avanza mucho, pues se detiene en el camino y se pone a conversar consigo mismo; analiza la comprometida situación en que está con su señor y a causa de éste, y termina urdiendo una estratagema para salir del paso y hacer que don Quijote no vuelva a encargarle negocios tan complicados. Resuelto el ardid regresa adonde está su señor, cuando ve venir a tres campesinas corrientes montadas en sus borricos. Llegando le dice a don Quijote que salga al camino para encontrarse con la señora Dulcinea, que con otras dos doncellas vienen a saludarlo; la describe vestida con las mejores galas y adornada con suntuosas joyas.
Don Quijote se turba al encontrar a tres humildes labradoras e inquiere a Sancho, quien insiste en que son tres damas principales, ricamente ataviadas, y culpa a don Quijote de no estar viendo bien. Le rinde honores a una a la que llama princesa y señora del Toboso, pero este gesto es rechazado por ellas. Don Quijote no sale de su estupor al ver en ellas ordinarias mujeres, y concluye que ha sido otra obra maléfica del encantador enemigo que lo persigue. Las mujeres se liberan de los homenajes de Sancho y se marchan, habiendo dejado la pretendida Dulcinea un acre olor a ajos en el olfato de don Quijote, quien se lamenta de su mala fortuna. Los dos jinetes toman el camino a Zaragoza, en donde intentan participar en unas justas de caballería que allí se celebrarán.

Capítulos XI – XII – XIII

Don Quijote se halla muy deprimido por el encantamiento que atribuye a Dulcinea, y Sancho trata de reanimarlo y de explicar algunas contradicciones en que incurrió al describir la belleza de la dama. Prosiguen su camino y encuentran una carreta cargada de gentes de extraña apariencia, a quien don Quijote identifica como la muerte y el demonio. Son una compañía de comediantes que van vestidos para dar una función, y explicado esto le es permitido pasar; pero un cómico imprudente hace caer a don Quijote de Rocinante y monta el asno de Sancho.
Don Quijote quiere castigarlo, pero lo disuaden Sancho y la actitud beligerante de la compañía. En la noche los dos personajes comentan la aventura con la carreta de la muerte, y hacen comparaciones de la comedia con la vida y los comediantes con las personas. El narrador habla sobre la amistad de Rocinante con el burro del escudero y otras virtudes de los animales.
Más tarde son despertados por un caballero que ha llegado al bosque y canta quejándose por su amor insatisfecho; se reúnen los dos señores y comparten su tristeza, mientras los escuderos se retiran para conversar entre ellos. Se cuentan los rigores de su oficio y hablan de sus señores. Ambos expresan su lealtad, aunque el escudero del señor del bosque está por la decisión de irse a su casa y pasarla en paz. Comparte con Sancho comida y vino. Luego se duermen.

Capítulos XIV – XV

Estando a solas los dos caballeros, el del Bosque cuenta a don Quijote sus desgracias de amor, las grandes proezas que ha realizado por orden de su señora y cómo ha vencido a muchos caballeros, inclusive a don Quijote de la Mancha, en su última tarea de hacer reconocer de todos la suprema belleza de su enamorada. Don Quijote le hace dar más detalles y luego se da a conocer como tal, desafiando al otro caballero. Acuerdan batirse cuando amanezca.
Los escuderos hacen los preparativos del duelo y el del Caballero del Bosque dice que los escuderos también han de pelear, pero Sancho interpone muchos obstáculos a favor de la paz, a lo cual el otro proporciona prontas soluciones. Antes de comenzar la justa, Sancho se hace subir a un árbol para ver mejor, pero la verdad es que ha sentido miedo del aspecto de las narices de su colega escudero. En un accidentado accionar, caballeros sobre bestias nada ágiles ni fieras, los contendientes se estrellan, siendo derribado el caballero de los Espejos o del Bosque. Acude don Quijote a cobrar su victoria y descubre sorprendido que el caballero contrincante es el bachiller Sansón Carrasco, quien no da señales de vida. Sancho aconseja a su señor, por las dudas, que resulta ser Tomé Cecial, un vecino y compadre de Sancho.
Don Quijote llega a la conclusión de que un nuevo encanto se ha efectuado para darle a su contendor la figura del bachiller, su amigo. De acuerdo con las reglas de caballería lo compromete a acudir ante Dulcinea y hacer lo que ella le ordene, regresando a dar cuenta al vencedor, lo conmina a declarar que su dama es mucho más bella que la del derrotado y jamás volver a decir que ha vencido a don Quijote de la Mancha. Siguen éste y Sancho su camino a Zaragoza, mientras el narrador da la noticia de quién es el Caballero de los Espejos o Caballero del Bosque.
En efecto, cuando el bachiller Sansón Carrasco aconsejó a Don Quijote, lo hizo con la única intención de llevar a cabo un plan preparado por el Cura y el Barbero, en el que el joven bachiller se arma caballero y sale en busca de don Quijote y su escudero para entrar en batalla y vencerlo, y así hacerlo regresar a su casa para que se regocijara y estuviera quieto por algún tiempo.

Capítulos XVI – XVII

Don Quijote y Sancho hacen camino con un caballero vestido de gabán y otros adminículos verdes, ante quien se presenta como El Caballero de la Mancha. Don Diego de Miranda, el caballero del verde gabán, a su vez se presenta como un hidalgo de muy sanas costumbres, adinerado y algo culto, que califica de falsas todas las historias de caballerías y se admira de que exista en la actualidad un caballero andante, tomando para sí como un tonto a don Quijote. Sancho lo toma por un santo y le besa los pies.
Don Diego se duele de que único hijo sea poeta y no quiera estudiar el Derecho o la Teología. Don Quijote tercia a su favor del joven, pues lo mejor sería permitirle al hijo tomar la carrera que más le guste cuando, como en este caso, no lo necesitará para prodigarse el sustento, por tener un padre acomodado. Y con respecto de la poesía, expone tales argumentos tan bien puestos en razón, que don Diego, también en su interior, tiene que reconocer que está tratando con un hombre de letras.
Estando en la exposición de su discurso, son alcanzados por una carreta que porta una pareja de leones, enviada por el general de Orán el rey. Ocurre un incidente jocoso cuando Sancho entrega a su señor la celada en cual han colocado unos quesos que escurren suero sobre cabellos, rostro y barbas de don Quijote. Éste hace detener la carreta e inquiere su carga y destino. Al ser informado obliga al carretero a abrir una jaula.
Prosiguen su camino don Quijote, Sancho y don Diego, quien piensa que el primero “era un cuerdo loco y un loco que tiraba a cuerdo”. Don Quijote intuye las dudas de don Diego y le explica que aun cuando parezcan locuras sus acciones, obedecen a su oficio de caballero andante, que es más importante que el de caballeros cortesanos que sólo lo son para entretenimiento y festejos. Don Diego lo invita a su casa.

Capítulos XVIII – XIX

Llegan a casa de don Diego y son muy bien acogidos por Cristina, su esposa, y Lorenzo, el hijo. Después de asearse, don Quijote es atendido por Lorenzo a quien habla de cómo la ciencia más competa y mejor de todas esa la de la caballería andante. Durante la comida don Quijote pide a Lorenzo dejarle conocer sus versos, y le parecen de muy buena calidad. Después de cuatro días de reposo se marchan caballero y escudero. Don Quijote invita a Lorenzo a seguir con él la profesión de caballero andante, con la salvedad de que si insiste en ser poeta, preste más atención al concepto ajeno que al propio al juzgar sus obras.
No muy lejos de casa de don Diego, se encuentran con dos campesinos y dos estudiantes, uno de los cuales los invitan a asistir a una boda que tendrá lugar en la próxima aldea. Se casarán un joven muy rico, Camacho, con una muchacha bellísima, Quiteria, para desgracia de Basilio, enamorado de Quiteria desde la niñez, quien “no tiene tantos bienes de fortuna como de naturaleza”, por lo cual había hallado férrea oposición de los padres de Quiteria, quienes habían preferido darla en matrimonio a Camacho.
Don Quijote sostiene que los padres han de tomar decisión al respecto, como garantía de mayor solidez de la institución matrimonial, pero Sancho, haciendo eco de las ideas de su mujer, defiende la unión entre iguales. Los estudiantes entran en disputa por algo sin importancia y llegar a pelear con espadas. Gana el más ilustrado y pierde el más ducho en la ciencia de las armas, quien había iniciado la pendencia. Hacen las paces como buenos amigos que son, y todos llegan a la aldea que está engalanada y preparada para la boda.

Capítulo XX- XXI

Amanece. Don Quijote contempla a Sancho dormir a pierna suelta y, antes de despertarlo, cavila sobre la condición de su escudero, libre de responsabilidades y preocupaciones. Se van a la boda para ver que habrá de hacer el despechado de Basilio, a quien Sancho desea mejor suerte en sus amores. Llegan a una gran enramada donde se ha dispuesto una enorme cantidad y variedad de viandas, suficientes para alimentar a un gran ejército.
Un cocinero regala a Sancho, en nombre de la generosidad de Camacho, tres gallinas y dos gansos cocidos con caldero y todo, “en tanto que se llega la hora de yantar”. Desfilan jinetes lujosamente ataviados que lanzan vivas a Camacho y a Quiteria, jóvenes y muchachas que presentan bailes y comparsas alegóricas al amor de Camacho. Don Quijote opina que quien compuso las comparsas ha de ser más amigo de Camacho que de Basilio.
Sancho ha mudado su favoritismo hacia Camacho, pues “nunca de ollas de Basilio sacaré yo tan elegante espuma como es ésta que he sacado de las de Camacho”, refiriéndose a gallinas y gansos que ya está engullendo. Y se reafirma: “Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener”. Llegan los novios y Quiteria le parece a Sancho tan hermosa y bien ataviada que no puede menos de exclamar, entre otras loas:
“_ ¡Oh hideputa y qué cabellos; que si no son postizos, no los he visto más que luengos ni más rubios en toda mi vida!” Pero el ambiente se ensombrece, pues llega Basilio vestido de luto; luego de un breve discurso de reproche a Quiteria y en su presencia se arroja contra la punta de un estoque que atraviesa su cuerpo. Moribundo pide a Quiteria sea su esposa y condiciona el arreglar sus cosas con Dios a que ella no acepte antes de morir. Don Quijote intercede en su favor y luego de muchas cavilaciones, Quiteria se convierte en esposa de Basilio, una vez que los dos han declarado estar contrayendo matrimonio por real voluntad y libre albedrío, y no presionados por las circunstancias. Como podría decir Cervantes, dejamos a Basilio agonizante y remitimos al atento lector a la obra aquí analizada, donde podrá conocer el desenlace de este pasaje que es como maravillarse.

Capítulos XXII – XXIII – XXIV

A propósito de lo sucedido en la boda, don Quijote habla de cómo el hambre y las necesidades son los mayores enemigos del amor, y de cómo en circunstancias tales, mayores dificultades se presentarán si la mujer es hermosa. Aconseja a quien busque mujer, mirar “más la fama que a la hacienda; porque la buena mujer no alcanza la fama solamente con ser buena, sino con parecerlo.”
Después de recibir hospitalidad y agasajo de los desposados durante tres días, parten don Quijote y Sancho para la famosa Cueva de Montesinos, acompañados por un guía, El Primo, que resulta ser escritor, autor de varios libros. Atado a una larga cuerda que sostienen Sancho y el guía, don Quijote desciende a las profundidades de la cueva, y después de media hora es izado en estado de inconsciencia. Les cuenta que se encontró con Montesinos, quien lo condujo a un grande y hermoso castillo donde vio personajes encantados, inclusive a su dama Dulcinea, con quien no pudo hablar, pero sí con una de sus doncellas; el anciano Montesinos le ha dicho que los encantamientos son obra del mago Merlín.
Los dos no alcanzan a explicarse cómo tantas cosas que ocurrieron a don Quijote en la cueva, tomaron solo media hora. El más incrédulo es Sancho que califica todo de gran disparate. Se alejan de la cueva buscando reposo y alimento, y se encuentran con un hombre que lleva de prisa, cierta cantidad de armas y, después, a un joven que lleva de prisa cierta cantidad de armas, y después, a un joven que va a enlistarse en el ejército y que reniega de la suerte que ha corrido hasta ahora, sirviendo a señores de muy poca importancia. Todos se reúnen en una venta que, para alegría de Sancho, no es tomada por castillo en la mente de Don Quijote.

Capítulos XXX XXXI XXXII

Días después encuentran una partida de caza encabezada por una duquesa y su esposo. Don Quijote envía sus respetos y oferta de servicio con Sancho a la distinguida dama, quien, junto con su esposo, da a los dos personajes una acogida plena de deferencias y cortesía. Los duques tratan al caballero como persona de grandes merecimientos por su condición de caballero andante y lo invitan a su palacio de recreo que se halla próximo.

La señora declara gran simpatía por Sancho, de quien quiere hacerse acompañar constantemente, pues goza con su gran simpática gracia. El duque se adelanta al castillo para instruir a toda su servidumbre sobre el tratamiento honorífico y comedido que todos deben dar a don Quijote y su escudero; pero hay dos personas que no se atienen a las órdenes del noble: el ama doña Rodríguez, quien riñe con Sancho, quien le solicita atenciones para su burro, y un religioso que comparte la mesa con los duques y don Quijote, reprocha al duque alentar las fantasías del caballero, y a éste argumenta la inexistencia de la caballería. Don Quijote replica con ánimo acalorado, pero sin salirse de los buenos modales, para defender lo suyo y desautorizar a quien lo ha ofendido.

Después de la comida los sirvientes lavan las barbas a don Quijote con mucha solemnidad, excediendo los deseos del duque respecto al trato que debe darse a don Quijote. El noble decide también hacerse lavar sus barbas para no descubrir la burla. Luego, duques y caballero sostienen una conversación sobre los atributos de la señora Dulcinea del Toboso y las circunstancias de sus encantamientos, en lo que se interesan mucho los anfitriones. Son interrumpidos por Sancho y unos sirvientes que pretenden lavarle las barbas con trastos y aguas sucias. La duquesa lo defiende y reitera la promesa que ha hecho el duque de darla una ínsula suya, para que sea gobernada por el escudero.

Capítulo XXXIII – XXXIV – XXXV

El duque y don Quijote van a hacer la rigurosa siesta, y Sancho se priva de ella a solicitud de la duquesa quien lo invita a conversar. Le pregunta sobre el embuste que aparece en el libro cuando Sancho no entregó la carta que don Quijote había enviado a Dulcinea y antes vino a traer una respuesta inventada y noticia de que la dama era una mujer del pueblo ocupada en aventar trigo.

Sancho confiesa su mentira, dice cómo tiene a su señor por loco y mentecato, y cómo de todas maneras le es fiel; cuenta también cómo don Quijote aceptó que Dulcinea es la labradora que se encontraron capítulos atrás en esta parte, achacando su fealdad y ordinariez a los encantamientos que se hacen en su contra, y cómo el mismo caballero dijo haberla visto en las mismas trazas en la cueva de Montesinos. La duquesa conviene que todo ha de ser motivado por los tales encantamientos, inclusive el que Sancho haya urdido aquel embuste. Pone en duda la capacidad que pueda tener Sancho para gobernar la ínsula, pero le reitera la promesa de que se le dará una para que la gobierne.
Una semana después todos salen de caza, durante la cual capturan un jabalí que causa un percance a Sancho. En la noche se oyen en los alrededores del campamento: ruidos muy fuertes y variados como de batalla; llega un demonio que trae razón del señor de Montesinos para que sea esperado allí por don Quijote, pues quiere decirle cuál es la forma de desencantar a Dulcinea, quien vendrá en compañía del dicho señor. Desfilan después de tres carretas de bueyes con sabios y encantadores, todo en un ambiente misterioso. Don Quijote está asombrado, pero decidido a esperar lo que sea. Llega una cuarta y mayor carreta con Merlín y Dulcinea a bordo.
Sancho protesta en todos los tonos, pero lo presionan para que acepte la penitencia a favor de don Quijote. Al final accede con la condición de que se dará los azotes cuando él quiera. Al final accede con la condición de que dará los azotes cuando él quiera, sin que nadie lo apure.

Capítulos XXXVI – XXXVII – XXXVIII – XXXIX – XL – XLI

Quien ha hecho de Merlín en el anterior pasaje, no es otro que uno de los mayordomos de los duques, hábil para esos menesteres, quien había organizado toda la escena. La duquesa pregunta a Sancho si ha comenzado los azotes y éste dice que se ha dado ya cinco con la mano; la duquesa le hace ver que esos no son azotes. Sancho le da a leer una carta que ha mandado escribir a Teresa Panza, en la cual le cuenta que ya prácticamente es gobernador y le pinta buen futuro. Más tarde, después de comer en el exterior, se presenta un personaje que dice ser el escudero de la condesa Trifaldi, a quienes unos encantadores han convertido en la Dueña Dolorida, quien pide ser recibida por los duques y atendida por don Quijote.
Momentos después entra la condesa con un numeroso séquito de mujeres, todas con muy abrigados vestidos y los rostros cubiertos. Cuenta sus desdichas a los duques y se acoge al caballero andando don Quijote de la Mancha para que ponga remedio a sus males. Hace un largo relato a través del cual se sabe que ella es cortesana del lejano reino de Candaya, y que habiendo estado a su cargo el cuidado de la princesa Antonomasia, se dejó convencer por el pretendiente Clavijo, quien se dio trazas para entrar al aposento de la princesa, resultando ésta embarazada.
Por esta razón tuvieron que casarse los enamorados, con tal contrariedad de la reina, que murió al saber la noticia. En su entierro fueron encantados los recién desposados por obra de Malambruno, mago poderoso hermano de la reina; convertidos en figuras de metal permanecerán así hasta cuando el caballero don Quijote luche con Malambruno. Éste, además, por la negligencia de la condesa Trifaldi y otras servidoras de la princesa, hizo que a estas les crecieran poblabas barbas, lo cual es demostrado por la condesa y su séquito al descubrir sus rostros.
Malambruno enviará un caballo mágico de madera para transportar a don Quijote a la remota Candaya junto con su escudero, pero mientras aquél está pronto a emprender la aventura, Sancho protesta y trata de eludir su participación. Llega el caballo; los dos son vendados –como condición para el viaje- y montan. Como era de suponerse, todo es un invento de los duques y en el desarrollo de esta maquinación, se proporciona a los viajeros efectos de viento y calor.
Finalmente el caballo hace explosión, han desaparecido la Trifaldi y su séquito, y los demás presentes parecen desmayados. Don Quijote y Sancho ven que están en el mismo lugar, y leen un mensaje de Malambruno donde les hace saber que su aventura con sólo emprenderla, ha tenido éxito. Antonomasia y Clavijo han vuelto a ser felices personas y las damas han quedado con las caras lampiñas. El mismo mensaje recuerda que Sancho debe cumplir con sus tres mil trescientos azotes para que sea levantado el encantamiento de Dulcinea del Toboso, tal como lo dispuso Merlín, el mago. Sancho cuenta las visiones que tuvo en las alturas al haberse destapado ligeramente los ojos.

Capítulos XLII – XLIII

El duque anuncia a Sancho que ha llegado el momento de darle el gobierno de la ínsula prometida. Don Quijote lleva aparte a Sancho y le da consejos sobre cuál debe ser su comportamiento en sus nuevas funciones. El caballero adopta un serio aire paternal y se esmera en transmitir a Sancho los mejores y más importantes principios que ha de practicar un gobernante, tanto en el ejercicio del gobierno como en su conducta personal. Sancho está bien dispuesto a asimilar y tener en cuenta los consejos de su señor, pero duda que pueda retenerlos en su memoria. La mayor dificultad se presenta en relación con la manía de ensartar refranes en la conversación.

Capítulos XKIV – XLV – XLVI

Sancho es enviado a su ínsula a cargo de un mayordomo que le parece exacto a la condesa Trifaldi. Le consulta a don Quijote y éste le dice que los dos rostros son iguales, pero que no quiere decir que sean las mismas personas; que es mejor no entrar en averiguaciones ya que han sucedido hechos muy extraños. Don Quijote queda apesadumbrado por la ausencia de su fiel servidor; la duquesa le ofrece servidumbre que sustituya a Sancho, pero don Quijote declina ser servido en su habitación por cuestiones de honestidad.
Al desvestirse se le van unos puntos de una media, lo cual es un grave aprieto y da lugar a que el supuesto autor de la obra proteste contra la pobreza que siempre ha rondado al hidalgo. No pudiendo conciliar el sueño, don Quijote se asoma a una ventana y desde allí oye una conversación de la cual se deduce que una doncella, Altisidora, está enamorada de él. De sus labios escucha el romance, que entona acompañándose del arpa, claramente dedicado a él; sin embargo, desecha cualquier tentación y se reafirma en la fidelidad absoluta a su señora Dulcinea del Toboso.
Por su parte, Sancho llega a una aldea de unos mil habitantes cuyo gobierno le ha asignado el duque. Buena parte de la población ha sido advertida y se le hacen los honores de rigor. Su gestión comienza atendiendo tres pleitos que ha resuelto equitativamente, hecho que causa admiración y respeto en la comunidad.
Volviendo a don Quijote, esa noche no puede dormir porque le inquietaban las declaraciones de Altisidora. Al día siguiente, ella sufre un desmayo delante del caballero, quien acude a ayudarla, pero es rechazado por la amiga de la doncella. Él pide que dejan una vihuela esa noche en su habitación, para consolarla, de lo cual son informados los duques. Llegada la hora, don Quijote abre la ventana e interpreta una canción confirmando su amor a Dulcinea. Los duques han preparado una broma consistente en hacer bajar frente a la ventana una cuerda de la cual cuelgan ruidosos cencerros y gran cantidad de gatos; el ruido es infernal y tres felinos se meten en el aposento, siendo perseguidos por el hidalgo; uno de ellos contraataca a don Quijote y le agarra de las narices con uñas y colmillos, teniendo que ser auxiliado por los duques. Las heridas le ocasionan cinco días de reclusión en cama.

Capítulos XLVII – XLVIII

Después de ejercer como juez, Sancho Panza es llevado a un suntuoso palacio y de allí a un gran comedor, donde es el único comensal honrado y servido por muchas personas; los manjares son variados y suculentos, pero un médico que vigila, Pedro Recio, le impide consumir lo que Sancho apetece, despertando su ira. Llega un correo del duque que advierte sobre el peligro que corre la aldea pues sus enemigos planean atacarla; también ha sabido de cuatro espías que disfrazados, han llegado al poblado para matar al gobernador. Ordena, pues, a Sancho, estar alerta, preparar la defensa y abstenerse de comer lo que le sirvan.
Llega un labrador a solicitar al gobernador una carta recomendando el casamiento de un hijo suyo con cierta joven, existiendo la particularidad de que los enamorados, a decir del labrador, tienen unas características físicas monstruosas. También pide al labrador un obsequio de trescientos o seiscientos ducados para dote de su hijo, lo cual enfurece a Sancho que despide airadamente al impertinente.
Entre tanto, una de las noches en que don Quijote está enfermo por las heridas recibidas del gato, recibe en su habitación visita sorpresiva de doña Rodríguez, temiendo don Quijote en principio, se trate de un atentado contra su honestidad. Aclaradas las cosas, doña Rodríguez le cuenta su vida y cómo tiene una hija a quien ha seducido un mancebo, hijo de un rico labrador amigo del duque; ella ha pedido a su señor obligar al enamorado atrevido a casarse con su hija, pero el duque no le ha ayudado hasta ahora. Entonces, solicita ahora a don Quijote, amigo de deshacer entuertos y ayudar a los débiles, por la razón o las armas, dar remedio a la situación de su hija.
En estas irrumpen en la habitación algunas personas que, aprovechando la oscuridad, alzan las faldas de la dueña y le propinan muchos azotes, mientras a don Quijote le da una tunda de pellizcos, habiéndose visto los dos obligados a soportar en silencio el castigo, por lo comprometido de la situación y porque no sabían qué estaba sucediendo.

Capítulos XLIX – L

Sancho puntualiza ante sus segundos en el gobierno, sus exigencias respecto a la comida, ya que sus actuaciones no deben ser solicitadas por sus gobernados a deshoras. Expone sus propósitos de gobernar con la mayor equidad.
Sale con sus asistentes a practicar una ronda por el poblado y resuelve el caso de dos hombres que disputan por los juegos de azar que Sancho quisiera suprimir, pero encuentra opinión adversa de parte de un escribano que considera que debe mantenerse licencia a las casas de juego de los señores principales. Conoce también los casos de un muchacho que ha sido capturado por comportamiento sospechoso y el de una pareja de jóvenes hermanos que también actuaban extrañamente. Ambos son resueltos con actitud comprensiva sin desmérito de la severidad que corresponde a su investidura.
Volviendo al palacio de los duques, se sabe que una compañera de doña Rodríguez ha notado que ésta salía de su habitación a altas horas de la noche y entraba en la habitación de don Quijote; va con la noticia a la duquesa, quien acompañada de Altisidora, va a escuchar lo que allí se hablaba. Cuando la duquesa oye que la Rodríguez está revelando alguna intimidad suya a don Quijote, entra con la doncella a la pieza y es cuando la emprenden a chinelazos contra la dueña y a pellizcos contra don Quijote.
Mientras tanto, el paje que ha sido enviado por la duquesa a llevar a Teresa Panza la carta que su marido le envía y otra misiva que la misma duquesa envía a Teresa, ha llegado al pueblo de Sancho y entrega estas misivas a la mujer del escudero, junto con un collar de coral y oro y el vestido de paño que la habían regalado a Sancho y que él determinó enviar a Sanchica, su hija. Estas buenas noticias causan el natural revuelo; Teresa está orgullosa y Sanchica muy ilusionada; el cura y el bachiller Sansón Carrasco no pueden creer lo que ven. Teresa responde las cartas recibidas por conducto del paje con sendas misivas a su marido y la duquesa.

Capítulos LI – LII

Sancho responde con mucho acierto a una paradoja que le es planteada y el mayordomo decide darle un buen desayuno contraviniendo al médico dietista. Escribe don Quijote a Sancho una carta en la cual le da nuevos consejos para su buen desempeño como gobernador y le da cuenta de los sucesos del palacio. Contéstale Sancho quejándose de las privaciones alimenticias impuestas por el médico e informando de su manera de gobernar; le encarece no indisponerse con los duques, pues don Quijote le ha avisado sobre esa posibilidad, seguramente por el asunto de la dueña Rodríguez.
Continúa Sancho en ejercicio de su cargo, dictando una serie de ordenanzas que imponen honestidad en el comercio, control de la mendicidad, control de los precios y algunas normas de moral, medidas que se han conservado en aquella aldea bajo el nombre de “Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza”.
En el palacio del duque, la señora Rodríguez, acude con su deshonrada hija ante don Quijote, en presencia de los duques, para pedirle que obligue a casarse al hombre que la sedujo y ha faltado a su promesa previa de matrimonio. Don Quijote acepta deshacer tal entuerto y, en caso extremo, matar al amante escurridizo si no cumple como caballero; el duque lo aprueba y se ofrece a arreglar los términos del desafío. La duquesa dispone que dueña e hija no sean tratadas más como de la casa, sino como extrañas que han venido a pedir el favor de don Quijote. Llegan y se conocen las cartas de Teresa Panza a la duquesa y a su marido, y la de Sancho a don Quijote, todas comentadas y admiradas por los presentes, especialmente la de Sancho, que lo deja bien parado como gobernador.

Capítulos LIII – LIV

Sancho lleva siete días de gobierno, cuando en la noche del sétimo es sorprendido por ruidos de alarma y batalla. Quienes llegan a buscarlo le dicen que Barataria está siendo atacada por numerosos enemigos y que esperan que él los guíe para derrotarlos; le colocan largos escudos en el frente y las espaldas y le ponen armas en las manos, con tan mala fortuna, que al tratar de moverse cae al suelo, sin dejarlo incorporar los excesivamente ceñidos escudos; es pisoteado y hasta alguien se para sobre él, para dirigir mejor la defensa. Pasado el zafarrancho lo incorporan y lo invitan a celebrar el triunfo sobre los enemigos que han sido derrotados y huyen.
Sancho, consciente de que él no tiene mérito en la batalla, silencioso y serio, se viste va donde está su burro, lo saluda con ternura y dice a todos que renuncia al gobierno, y que parte hacia el castillo del duque. No pueden disuadirlo. En el camino encuentra a seis hombres extranjeros que piden limosna y uno de ellos resulta ser Ricote, un morisco que había abandonado el pueblo de ambos, por razón de la orden de destierro contra los moriscos que habla el rey. Le cuenta a Sancho la suerte que había ocurrido desde entonces y las noticias que tiene de su familia; y le pide acompañarlo a su aldea a rescatar un tesoro que ha dejado guardado, con el cual instalaría a su familia, que estaba en Berbera, en Alemania, donde podrían vivir en buenas condiciones. Sancho rehúsa, a pesar de la oferta de una gratificación de la apreciable cantidad de doscientos escudos, por no querer incurrir en traición a su soberano don Quijote. Se despiden como buenos amigos.

Capítulos LV – LVI – LVII

Prosiguiendo su camino a reunirse con su señor y con los duques, Sancho cae, junto con su burro, en un gran hoyo que no ve por ser ya de noche. Debe esperar a que amanezca, más asustado que herido, y escuchando los quejidos de su asno que resulta lesionado. Al día siguiente descubre la galería que sale de aquel hoyo y comienza a recorrerla, dando gritos que no son respondidos por nadie.
Mientras tanto, don Quijote ha salido al campo a ensayar la pelea que habrá de librar contra el ofensor de la hija de doña Rodríguez, montando sobre Rocinante, éste casi cae en un hueco, se aproxima el caballero a observarlo y oye voces que vienen de la profundidad, iniciándose un diálogo distante del cual resulta interlocutor Sancho. Viene ayuda y son sacados de allí escudero y borrico. Sancho informa su retiro del gobierno a los duques, por las causas sabidas, Éstos la acogen sin censura y con cariño.
Llega el momento del duelo, que se cumplirá despojadas las armas de sus puntas metálicas, por disposición del duque. El contendor de don Quijote será un lacayo, designado por los duques en ausencia del verdadero ofensor que se halla en campaña en otro país. La ceremonia se dispone como debe ser, sólo que cuando el lacayo ve a la demandante, queda súbitamente enamorado y decide darse por vencido antes del encuentro, y pide en matrimonio a la joven. Madre e hija protestan al descubrir la impostura, pero luego se dan por satisfechas. Don Quijote atribuye a los encantadores el cambio de la persona de su contendiente.
Pero el hidalgo no está tranquilo con tanto ocio como ha vivido en el castillo; pide licencia para marcharse y se la conceden. En el momento de la partida, Altisidora recita un romance reprochando al caballero su indiferencia y lazándole maldiciones; lo acusa de llevarse tres pañoletas y tres ligas; el duque tercia que devuelva don Quijote tales prendas, pero sólo era cierto lo de las pañoletas. Se aclara todo y por fin don Quijote y Sancho salen de los predios de los duques. Sancho está feliz porque lleva doscientos escudos que le dio el mayordomo del duque para los gastos del camino.

Capítulo LVIII – LIX – LX

Los dos personajes se encuentran con unos hombres que llevan unas figuras de santos: San Jorge, San Martín, Santiago Matamoros y San Pablo, de muy buen acabado, todos caballeros en su momento, de cuyas características y virtudes habla don Quijote. Recuerdan el enamoramiento de Altisora.
Se internan en un bosque y hallan un grupo de habitaciones de una aldea cercana que se divierten representando escenas pastoriles y se regocijan de tener presente a don Quijote y su escudero, cuyas aventuras han conocido por el libro que circula narrando sus hazañas anteriores. Don Quijote entra en situación y desafía a quien quiera que atentara contra esas personas que han ganado simpatía. Nadie sale al desafío, pero ocurre que viene por el camino una partida de vaqueros y curiosos que llevan una manada de toros bravos para una lidia. Da orden de alto el caballero y le replican que se retire. Él no hace caso y el resultado es que los toros atropellan y derriban a don Quijote y a Sancho junto con las dos cabalgaduras.
Don Quijote queda un tanto apesadumbrado. Descansan más adelante y el caballero recuerda a Sancho la deuda que tiene pendiente de darse tres mil y tantos azotes para lograr el desencantamiento de doña Dulcinea. Éste promete que lo hará. Llegan después a una venta y allí conocen a dos caballeros que leen y comentan el libro que ha circulado, también con la segunda parte de las aventuras de don Quijote. Este se da a conocer, de lo cual aquellos se alegran mucho; lee algunas páginas y determina que hay inexactitudes y cosas desagradables en dicho libro: que don Quijote se ha desenamorado de Dulcinea; se usa el lenguaje aragonés con supresión de los artículos y se llama con otro nombre a la mujer de Sancho Panza. No lee más don Quijote, porque no quiere darle al gusto al autor de que llegue a saber que él leyó su libro.
Además, como el tal libro muestra a don Quijote en una situación que no es de su agrado en las justas de Zaragoza, decide ya no ir a ellas y opta por asistir a otras que tendrán lugar en Barcelona. Con esa intención se marchan de la venta. Hace seis días que viajaban hacia Barcelona. Aprovechando que Sancho duerme y desesperado por la tardanza de éste, en acelerar el desencantamiento de Dulcinea, don Quijote intenta azotar a Sancho, pero éste se rebela y lo impide, alegando que la condición es que se dará los azotes prometidos cuando quiera, y que ahora no quiere.
Luego descubren cadáveres de hombres colgados de unos árboles, seguramente delincuentes, vestidos a la usanza de la región de Barcelona, según don Quijote. Luego son cercados por varias decenas de bandidos al mando de Roque Guinart, famoso bandolero y asaltante, el cual obliga a sus hombres a devolver todo lo que habían requisado a Sancho y se alegra de conoce a Don Quijote. Llega una doncella joven y hermosa disfrazada de hombre a pedir ayuda a Roque, pues acaba de disparar contra su enamorado por haber sabido que se iba a casar con otra. Acude Roque al lugar y cerca de él halla al herido en trance de muerte; se descubre que la información de la muchacha era inexacta. Muere el novio, Roque promete a la doncella proteger a su familia de posibles venganzas y ella resuelve entrar en un convento.
Don Quijote y Sancho son testigos del asalto a unos viajeros; Roque se muestra magnánimo y sólo les pide unos pocos dineros; envía una carta a amigos de Barcelona anunciando la próxima llegada a esa ciudad de don Quijote y Sancho, haciendo algunas recomendaciones a sus amigos.

Capítulos LXI – LXII – LXIII

Luego de permanecer tres días con Roque Guinart y ser testigos de sus andanzas, nuestros personajes parten para Barcelona, hasta cuyas goteras los acompaña el bandolero, con quien intercambian amistados despedidas. Roque le da a Sancho diez escudos que había prometido del dinero tomado a los viajeros en el capítulo anterior. Don quijote y Sancho ven por primera vez el mar y se solazan con el espectáculo de la gran masa de agua, los barcos y el amanecer a sus orillas.
Salen a recibirlos ciertos personajes a caballo que le dan la bienvenida y se declaran amigos de Roque. Los introducen a la ciudad en ruidoso desfile. Unos muchachos de la ciudad atan yerbas espinosas a Rocinante y al burro de Sancho, los cuales se encabritan y dan por el suelo con sus jinetes. El amigo de Roque es don Antonio Moreno, hombre rico que acoge en su casa a don Quijote y a Sancho como distinguidos invitados. Los invita a pasear por la ciudad colgando un letrero en la espalda de don Quijote, sin que éste lo notara, en el cual lo identifica, causando muchas risas entre las gentes.
Don Quijote se complace de ser reconocido por tanta gente. En la noche hay un sarao en honor de los invitados, con muchos asistentes. Dos damas se ocupan de bailar con don Quijote hasta rendirlo, no sin antes obligarlo con sus requiebros a declarar públicamente su fidelidad al amor que siente por su señora Dulcinea. Don Antonio dice que hay un busto en su habitación que tiene la propiedad de contestar las preguntas que le hacen. Y así ocurre una sesión a la que concurren don Quijote, Sancho y cuatro o cinco personas más. Todos quedan admirados. Sin embargo, se sabe que hay un conducto del sonido con la habitación inferior, donde alguien escucha las preguntas y dice las respuestas un amigo de don Antonio.
Al día siguiente don Quijote sale a pasear a pie y sin armadura. La casualidad lo lleva a visitar una imprenta, donde conversa con un autor que está editando un libro, intercambian ideas y opiniones sobre literatura, autores e impresores. Descubre en las máquinas la versión apócrifa (falsa) de la segunda parte del Quijote, la cual había pensado que estaría quemada “y hecho polvos, por impertinente.”
Don Antonio prepara una visita de sus invitados a las galeras, embarcaciones a remo de propósito militar, previa advertencia a las tripulaciones sobre los honores que deben dar al caballero y su escudero, quienes se maravillan de la actividad y las usanzas a bordo. Sancho es vapuleado por los hombres de la tripulación. Don Quijote, viendo cómo los galeotes (presos condenados a remar en las galeras) son azotados, sugiere a Sancho tomar allí un lugar para recibir los azotes de los que depende el desencantamiento de Dulcinea.

De repente, el vigía anuncia la presencia de una embarcación turca en la costa cercana. Salen cuatro galeras en sus persecución, la encierran y le exigen rendirse; dos turcos disparan escopetas y matan a dos soldados españoles, lo cual despierta la ira del comandante quien jura castigar a toda la tripulación de la sentencia, al descubrir que el capitán de la nave turca es una hermosa joven que se declara cristiana y cuenta su triste y accidentada historia. Resulta ser la hija de Ricote, el antiguo vecino de Sancho, por orden del rey turco, a llevar el tesoro de su padre. Cuenta además, que ha dejada a su enamorado cristiano en Berberia. Luego llega Ricote, su padre, se da a conocer y ratifica lo dicho por su hija llamada Ana Félix, otra víctima del destierro de los moriscos de España. Se plantea el rescate de su enamorado.


Capítulos LXIV – LXV – LXVI – LXVII

Don Quijote se ofrece para ir a liberar al amado de Ana Felix. Se lo agradecen, pero le dicen que de fallar el plan inicial, lo tendrán en cuenta. Una mañana paseando a caballo por la playa y con toda su armadura es abordado por el caballero de la Blanca Luna, quien dice que su dama es más bella que Dulcinea, y reta a don Quijote con la condición deque si éste es derrotado, se retirará a su aldea por un año, dejando las armas y absteniéndose de buscar aventuras. Cunde la noticia y acude mucha gente, incluso el virrey que cree se trata de una broma más. Se separan los dos caballeros, se embisten al galope y es derribado don Quijote. El de la Blanca Luna coloca la punta de su lanza frente a la cara del vencido.

El Caballero de la Blanca Luna lo conmina a retirarse a su aldea por un año y devuelve a Dulcinea su fama de la más hermosa. Don Quijote es llevado a la ciudad en una silla de manos, ante la consternación de Sancho.

En el capítulo LXV se descubre que el Caballero de la Blanca Luna, es el bachiller Sansón Carrasco, quien ha vuelto a intentar su estratagema para retirar a don quijote de sus andanzas, esta vez con éxito. Se duelen don Antonio y el virrey de Barcelona de que el mundo se prive de la graciosa locura del caballero y de las ocurrencias de Sancho, pero acuerdan guardar silencio sobre su descubrimiento.
Carrasco regresa a su pueblo calladamente, mientras don Quijote guarda cama por seis días, al cabo de los cuales llega a Barcelona el enamorado de Ana Félix, cuya liberación se ha cumplido exitosamente. Don Antonio se ofrece a tramitar en la corte que Ricote y Ana Félix puedan permanecer en España. Días después salen de Barcelona don Quijote y Sancho, desarmado el primero y a pie el segundo, por haber cargado las armas en su rucio, de lo cual no dejará de protestar al hacérsele pesado tanto caminar. Pasan por un lugar donde hay un festejo y le piden a don Quijote ser juez de una apuesta, cosa que él rechaza por no tener ánimo, pero que Sancho resuelve con mucho ingenio.
Al día siguiente se cruzan con el lacayo del duque que quiso casarse con la hija de doña Rodríguez, quien les cuenta cómo su dicha no tuvo realización. Pregunta don Quijote si Altisidora lo recordará. Cree que lo amó muchísimo y se duele de no haberle podido dar nada, sólo los recuerdos que le asaltan en ese momento. Le recuerda a Sancho la obligación que tiene de azotarse para liberar a Dulcinea de su encantamiento y Sancho repite lo que hará cuando quiera y tenga ocasión.
Pasan por el sitio donde fueron atropellados por los toros y don Quijote expresa su voluntad de dedicarse al pastoreo durante el año en que estará retirado de la caballería andante, la cual piensa emprender después de cumplida la pena impuesta por el Caballero de la Blanca Luna. Comparte su proyecto con Sancho y ambos se complacen en imaginar lo que será pasarla de pastores, acompañados por sus amigos el cura, el barbero y el bachiller.

Capítulos LXVIII – LXIX – LXX

Don Quijote insiste ante Sancho para que éste se dé trescientos o cuatrocientos azotes; pero el escudero se molesta porque ha sido despertado a mitad del sueño y amenaza con que si su amo lo sigue presionando, será capaz de jurar no darse ningún azote. En este momento son atropellados por una piara de seiscientos cerdos que son llevados al mercado, despertando la ira de Sancho que quiere tomar venganza; don Quijote lo apacigua y acepta este hecho como parte de su desgracia.
Al día siguiente, prosiguen su camino, pero son capturados por una partida de gentes armadas que los conducen sin ninguna explicación a un castillo que ellos conocen muy bien: el de los duques. En el patio, muy iluminado, hay un túmulo fúnebre sobre el cual hay una bella mujer que es nadie menos que Altisidora, la enamorada de don Quijote. Se desarrolla una extraña ceremonia por dos reyes de la antigüedad y presenciada por los duques. Visten a Sancho con ropas infernales y lo condenan a ciertas caricias bruscas en la cara, pellizcos y picotazos con alfileres, para lograr que Altisidora resucite.
Sancho se somete de mal grado pero no resiste las punzadas y se arma con una tea para defenderse; pero la magia se ha cumplido y la doncella se incorpora ante la aclamación general. Don Quijote ve lo que ha ocurrido y ruega a Sancho azotarse en bien de su señora Dulcinea. No entiende el escudero por qué los encantamientos de Dulcinea y la muerte de Altisidora tengan que remediarse con su suplicio. Duermen esa noche en una confortable habitación del castillo Altisidora visita a don Quijote y le reprocha su indiferencia. Preguntada por Sancho, cuenta cómo es la puerta del infierno que conoció durante los dos días que, a su decir, estuvo casi muerta. Los diablos jugaban con los libros a modo de pelotas. Hubo uno que no le gustó y se trataba precisamente de la segunda parte del Quijote escrita por Fernández de Avellaneda. Se presenta también un cantor del servicio del duque a quien don Quijote alaba su buena voz, pero le critica utilizar versos de Gracilazo que no tienen nada que ver con el drama de Altisidora.

Capítulos LXXI – LXXII

Hablan don Quijote y Sancho de las facultades curativas que tiene éste mediante el dolor de su cuerpo. Se queja el escudero de que Altisidora no le dio las seis camisas que le ofreció por haberla resucitado, y esto da al señor la idea de pagarle a Sancho por los azotes que debe darse. Convienen un precio total de ochocientos veinticinco reales (un cuartillo por cada azote), el que es doblado por exigencia de Sancho una vez comenzó a dárselos el mañoso escudero finge azotarse, pero en verdad le está pegando a unos árboles. Don Quijote lo descubre, y finalmente le dice que rebaje el número de golpes, pues su vida puede correr peligro.
Llegan a un mesón donde ven unas pinturas de baja factura que son comparadas por don Quijote con el libro apócrifo de la segunda parte de sus aventuras, que debió ser escrito al estilo de “lo que saliere”. Al mismo mesón llega un tal Álvaro Tarfe, cuyo nombre había visto don Quijote en el libro apócrifo. Entablan una conversación y se establece que el mismo personaje que acompañó en sus andanzas al don Quijote falso. Sancho se da a conocer y presenta a don Quijote, el verdadero. Don Álvaro encuentra verídica su historia y accede a dar testimonio ante el alcalde del lugar, en el sentido de que nunca había conocido a estos dos personajes y que los conocidos por él con los mismos nombres, no son los mismos, ni parecidos. Continúan su marcha y la noche siguiente Sancho concluye los tres mil trescientos azotes. Un día después, desde una altura, ven su aldea.

Capítulos LXXIII –LXXIV

Al llegar a la aldea don Quijote atribuye mal agüero a que una libere perseguida por cazadores, haya ido a protegerse con ellos, pero Sancho trata de disuadirlo de esa idea. Se encuentra con el cura y el bachiller que los reciben calurosamente. Sancho se va con Teresa y Sanchica para su casa, mientras su señor participa a sus amigos su propósito de convertirse en pastor, y los invita a acompañarlo. Ellos aceptan y todos se divierten inventando nombres para su nueva condición con base en los que ya don Quijote había pensado.
La sobrina y el ama no están de acuerdo con que don Quijote no vaya a quedarse en casa y salga tras de otros menesteres para los cuales no está hecho. ÉL está cansado y pide que lo lleven al lecho, cosa que cumplen las mujeres prodigándosele toda clase de atenciones. No volverá a levantarse don Quijote de su cama, pues es presa de fiebres durante seis días, no sabiéndose si por causa de la melancolía por sentirse vencido o por alguna razón orgánica.
Visitado y rodeado constantemente por sus amigos el cura, el barbero y el bachiller, y atendido con desvelo por su sobrina y su ama, reconoce que va a morir; hace confesión de sus pecados al cura y dicta su testamento. Ha recobrado la razón previamente y ya no valen exhortaciones de sus amigos sobre su señora Dulcinea o el proyecto de vida pastoril. Ahora es simplemente don Alonso Quijano, el Bueno, rechaza su afición por las novelas de caballería y niega la existencia de caballeros andantes.
Dispone que Sancho tome los dineros que poseía en pago de sus servicios prestados, y que el resto de su hacienda pase a manos de su sobrina, con la condición de que si se casa, habrá de ser con un hombre que no conozca nada de caballerías andantes. Tres días después muere entre el llanto de sus allegados.
Cierra el último capítulo una acotación del supuesto autor de Don Quijote, Cide Hamete, que hace hablar a su pluma para advertir a cualquier imitador, que se abstenga de inventar otra imposible salida del manchego caballero, y ratificar el propósito de la obra en el sentido de “poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías…”
MUNDO MOSTRADO (Espacios)

Espacio físico. Los acontecimientos narrados en la obra se desarrolla lógicamente en España. Las aventuras narradas en Don Quijote ocurren en sitios reales, fácilmente ubicables en el mapa. Tales lugares corresponden a la parte oriental de España y Aragón. Los hechos narrados se ubican en La Mancha, Sierra Morena, Cueva de Montesinos, Campos de Montiel, el Toboso, Barcelona, Berbería, Argel, entre otros.
Espacio psicológico: En la sociedad en que fue escrito el Quijote se advierte una conexión entre las ilusiones y las desilusiones, las creencias y dudas, los anhelos y repulsas que se dan en profunda tensión entre las últimas generaciones españolas anteriores al libro. Muchos españoles, entre ellos Cervantes, se dieron cuenta de que en medio de la crisis que se sufría era absurdo levantar la imagen utópica de una sociedad que se juzgaba idealmente como tradicional, frente a la incuestionable sociedad moderna, que se imponía por todos lados, cuya incomprensión llevaba al país y a sus grupos dominantes a fracasos cada vez más difíciles de reparar. Con este ánimo se escribe el Quijote; revelación del contraste entre utopía humanista y aceptación del mundo moderno.
Locura, ansiedad y angustia. Tres características del barroco. Tres características del período posmoderno. Sancho conversa con Alonso Quijano, quien, en su lecho de muerte, abjura del Quijote que fue. Llorando dice: "ay, no se muera vuesa merced sino que tome mi consejo y viva muchos años porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir..." El mismo que le había pedido cordura, ahora le pide no perder la capacidad de inventarse un mundo. Este episodio da cuenta de la angustia del hombre ante el empobrecimiento de la dimensión imaginaria de la vida. Sancho plantea algo que es ultramoderno: el hecho de que uno se muere porque quiere morirse; uno se muere cuando se acaba el mundo por el cual ha vivido, ya que la muerte no es una fatalidad o un sino solamente. El grito dolorido de Sancho es por la pérdida del mundo que exploró el Quijote, y que nunca se ha visto bien cuál es. Don Quijote es el primer personaje moderno propiamente tal que diferencia la realidad del quehacer del mundo, la realidad de la ciencia, de la realidad del sentido común, lógicamente, es el sol el que da vueltas en torno a la tierra; en la realidad de la ciencia, es la tierra la que da vueltas alrededor del sol. Es lo mismo, en la realidad del sentido común, los molinos de viento eran molinos de viento; pero, en la realidad de la ciencia, los molinos podrían ser perfectamente gigantes. Gigante alude a una cosa inconmensurable que en algún sentido hay que dominar, que es el mundo inconmensurable que la ciencia tiene por delante. El primero que adivinó que el mundo de la ciencia moderna era un mundo que no iba tener relación con el sentido común, y que esa realidad era otra realidad, fue Don Quijote. El Quijote no es un paranoico, ni un histérico, ni un iluso. El Quijote es el hombre que adivinó que el mundo nuevo que vendría no era el mundo que dan los sentimientos, que es el mundo que muestran los molinos de viento, sino que era un mundo totalmente nuevo, en el cual los molinos de viento y cualquier otra cosa podían pasar a ser gigantes, como es gigante toda la naturaleza. - El drama del hombre contemporáneo empieza con la contradicción entre el mundo de la literatura, el mundo sacralizado y el mundo real; ahí y empieza cuando se da cuenta de que el sentido común, que es el mundo del cual puede asirse, no es en realidad el mundo real, sino que el mundo real es el mundo de la ciencia, o sea, un mundo que está hecho sobre la base de extensiones de movimiento, temporalidades, rango ávido de saber, etc., pero que no tiene nada que ver con su propio mundo. Entonces se encuentra desamparado en un mundo totalmente nuevo, un mundo que va a ser recién dominado en los siglos que vienen. - ¿Puede vivir el hombre sin fantasía?. Considerando el mundo imaginario y fantástico en que vivió don Quijote. - Un hombre no puede vivir sin fantasía; se puede sobrevivir, pero el hombre que vive sin fantasía es un depresivo, es decir, un hombre enfermo. Puede apagar la fantasía, sustituirla por otra cosa, pero es una fantasía que en el interior se le está expresando como ansiedad, como angustia. Sin fantasía, que es lo que da el encanto y la dimensión última a la vida, nadie puede vivir. - La sociedad posmoderna, y esto es una tragedia, ha perdido todo poder de fantasear, de encantar y de coger aquello que tienen de único las cosas, lo que les da el misterio y la belleza. El hombre contemporáneo lo ha perdido porque mide las cosas sólo por cantidades, como riqueza, y como riqueza en el sentido económico, de número. El hombre posmoderno ha perdido la visión íntima de las cosas, en qué sentido un bosque no vale como riqueza maderera, sino que por su belleza, por la configuración que tiene, por la luz y la sombra que da a determinadas horas, por la serenidad que provoca estar dentro de él, por la espesura de su follaje... eso, el hombre posmoderno lo ha perdido totalmente. Pero junto con perder el contacto con lo originario de las cosas, ha perdido también la posibilidad de contactar con lo originario de su alma, le falta la intuición poética, la intuición artística, desde luego que la intuición filosófica, pero también la intuición científica. Por lo tanto, lo sustantivo de la realidad se le ha escapado, se le ha perdido. Eso hace que el mundo actual sea un mundo con un fondo un poco deprimido1§, un poco triste y que la alegría sea una alegría externa, que tiene que estar siendo suscitada constantemente por eventos, por circunstancias muy llamativas que vienen desde afuera hacia adentro y no de adentro hacia fuera. En el libro 'Modernidad y Post-Modernidad' se plantea que desde un punto de vista psiquiátrico, la angustia sería la enfermedad del hombre moderno y, en cambio, la ansiedad, la del hombre posmoderno. En los textos muy modernos de psiquiatría ya no aparecen las neurosis de angustia o los cuadros de angustia. Aparecen, en cambio, los cuadros de ansiedad, neurosis de ansiedad. Claro, para vivir la angustia hay que considerar que cada cosa, cada momento del tiempo y de la existencia, es único e irrepetible. Entonces, el que pierda o malgaste ese tiempo siente angustia, que es una especie de zozobra interior por sentir que nunca más se va a poder volver a tomar algo en la nada, se pierde indefinidamente. El hombre posmoderno no siente que las cosas tengan una realidad que es propia de ellas, exclusiva de ellas, sino que las mide por fuera en la medida que lo entretienen, que le dan un goce, que le dan ganancia, o poder o prestigio. - ¿Cómo se da la sintomatología psíquica en el hombre posmoderno? - La ansiedad, en general, no se da en el hombre actual en forma psíquica, o sea lo que se siente por dentro, sino que en forma sicosomática, en dolores de espaldas, dolor de cabeza, el estar cansado todo el día, en fin, se ha somatizado más. Eso, porque la elaboración psíquica de la realidad es menor hoy que en el siglo XIX o XVII.

Espacio amoroso.- Uno de los temas fundamentales de Don Quijote es el amor. Era costumbre que todo caballero andante tuviera una dama a quien ofrecerle sus aventuras con el ánimo de conservarla, conquistarla o acrecentarle su amor. El caballero de la Mancha idealiza a su dama con el nombre de Dulcinea (su “amada enemiga mía”) y llena de dotes, dones y hermosura, para prodigarle fidelidad hasta la muerte. Varias mozas y rameras hacen insinuaciones a don Quijote, pero éste siempre mantiene su fidelidad (espiritual y sexual) a su enamorada. Ni siquiera el caballero de la Blanca Luna le hace cambiar su idea sobre Dulcinea cuando lo derrota.
Espacio educativo. El juego entre la cordura y la locura se complementa con la ignorancia de algunos personajes de la obra. A veces la ignorancia es producto de la carencia educativa, como en el caso de Sancho, quien es labrador y puerquero.
Espacio ético. Juicios sobre lo correcto e incorrecto. La II Parte es todo un dictado moral que pretende rescatar diversos valores como la verdad, la virtud, la libertad, la religiosidad en contraposición de disvalores como la ambición, el vicio, la soberbia, la codicia y otros.
Espacio religioso. Se menciona la Santa Inquisición que vigila por la religión católica y su cumplimiento.
Espacio económico. La guerra trae pobreza, si no hay dinero no hay alimentos: sólo la clase alta dispone de buenos alimentos, las ventas se sostienen con lo que cobran por alojamiento y proveer lo que haya en ellas, en ese momento.
Espacio político. Expulsión de los moros de España.
Espacio social. División de clases: nobleza (los duques, don Antonio, don Gaspar Gregorio), clase alta (los hidalgos como don Diego de Miranda, Camacho, el rico), clase media (Sansón Carrasco, Basilio), clase baja (los remeros, los bandoleros).
En otras ocasiones es la mentecatez la que propicia la ignorancia de ciertos hechos. Olvidar o no querer darse cuenta de todo el montaje que los duques hacen a Sancho y don Quijote, es característico de doña Rodríguez.
GÉNERO LITERARIO: Novela
La crítica literaria está de acuerdo con que este texto es una novela por las siguientes razones:
1. Es un texto narrativo, es decir, narra hechos que suceden a unos personajes en un espacio y en un tiempo determinados.
2. Hay un narrador que cuenta y que ordena la secuencia de la historia narrada.
3. Es objetiva: Es decir, los hechos que presenta están fuera del mundo interior del narrador.
4. En la trama aparecen muchos personajes.
5. Presenta a la consideración del lector muchos temas.
6. La trama es muy compleja.
7. Es una obra escrita en prosa.
8. Es una obra extensa y compleja.


MOVIMIENTO LITERARIO
Cervantes publica El Quijote entre la época de expansión imperial de España durante el Renacimiento y una época de crisis económica y financiera. A estas dos épocas históricas y políticas corresponden distintas etapas de la literatura española: el Renacimiento y el Barroco.
Sin embargo algunos críticos creen que la primera parte de la novela presenta características realistas y la segunda parte del barroco.

Son características del BARROCO:
-La complejidad de los elementos en la obra.
-La exageración y la intensificación
-La desrealización que se relaciona con una sensación de desilusión y de desengaño.
-Sátira y parodia exageradas.
-Mundo alejado al máximo de la realidad circundante.
-Actitud ambivalente del narrador ante su héroe: simpatía/antipatía.
-Consideración del caballero desde dos puntos de vista: cómico/trágico.
-Presenta un mundo de desilusión.
-Acumulación de episodios, divagaciones, aventuras, detalles.
-Mezcla de elementos reales e irreales.
-Mezcla de rasgos de libros: De caballería, idealistas y románticos, libros de la picaresca, vulgares y realistas.
-Unión del tono popular, con culto y con el artificioso.

ANEXO
ESTUDIO DE LOS CONSEJOS ESPIRITUALES
(Capítulo XLII)
En el momento en que don Quijote da consejos a Sancho actúa como su maestro y guía; pretende orientarlo por el difícil camino de la vida y de la administración pública. Estas recomendaciones están inscriptas en un marco axiológico relevante, porque no se trata de volcar tan sólo las vivencias individuales de quien elabora el discurso, sino también de manifestar una larga experiencia valorada en términos de existencia personal. Muchos de estos consejos han sido heredados de una tradición occidental cristiana y otros han sido aprehendidos en las lecturas que los largos ratos de ocio permitían al hidalgo. Podemos sostener que la gran mayoría están formulados a posteriori, es decir, el personaje los ha vivido empíricamente y ahora los recupera a través de su discurso.
Le habla con profundo afecto, al menos con el cariño que su enajenada condición le permite conservar intacto. Le llama mediante el vocativo: “Hijo”, con lo cual se da fundamento a esta relación de dependencia afectiva existente entre señor y escudero; además, don Quijote ya va camino de la “derrota” de su idealismo y al regresar al realismo que lo “recupera” tendrá reflexiones muy semejantes a las del primer Sancho que conocimos en el primer libro; por esto ambos están identificados por un denominador común y ambos parecen evolucionar en sentidos contrarios: don Quijote del idealismo al realismo y Sancho del realismo a cierta forma de pensamiento que en mucho se parece al idealismo.
A su vez, el lenguaje figurado utilizado por el hidalgo recuerda muchos de los requiebros retóricos de los volúmenes de la caballería andante, y no podía faltar la imagen de Catón, el orador romano y sus sentencias, con quien se identifica el hombre de la Mancha para transmitir su mensaje. La metáfora “mar proceloso” para aludir a la vida y sus peligros, es más que un logro retórico un lugar común en la poesía del renacimiento; la cual resulta completada con “ese golfo profundo de confusiones” que son los oficios y grandes cargos. Por todo ello, para poder navegar y evitar el naufragio es imprescindible la guía del adecuado maestro.
Se analizarán los consejos en el orden en que aparecen y procederemos a efectuar una serie de reflexiones críticas en torno a cada uno de ellos.
El temor a Dios. Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.
El primer consejo tenía que hacer referencia a Dios, no podía ser de otra manera dado el contexto cristiano y bíblico en que éstos se formulan. El hombre debe tener en cuenta su débil condición individual y por ello fundará sus esperanzas en un teísmo relevante, según el cual acepta la existencia de Dios y lo venera constantemente.
El “temor a Dios” resulta encuadrado en nociones relacionadas con el Antiguo testamento de la Biblia, en donde Jehová aparecía como el dios de la zarza ardiendo y como el dios implacable de Abraham.
El temor conduce a la sabiduría y ésta permite al hombre no equivocarse. Con fundamento en nociones medievales tomistas, el “hijo de Dios” es la sabiduría que se encarnó para enseñarle a la humanidad su mensaje de fe; de aquí puede deducirse el carácter cristiano ya mencionado; si históricamente aprendimos de Jesús la sabiduría que nos aleja del error, individualmente debemos entender también que el máximo conocimiento radica en dejar a un lado el orgullo personal para permitir que la sublime presencia de Dios esté en nosotros. Y no se trata de mojigaterías, ni de milagrosos entronizadores de “santos” escogidos al azar, sino de algo mucho más profundo que le autoriza al hombre a formarse integralmente; y esta integridad de la preparación individual parece no fructificar en el reducido marco del ateísmo. Sólo con Dios -no se alude a ninguna religión en particular- el ser humano podrá alcanzar el equilibrio que le permita desempeñarse con éxito en la función que la sociedad le ha encomendado.
Autoconocimiento. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.
En segundo lugar, el “conocerse a sí mismo” resulta fundamental en el proceso que abarca la autoformación. Si el temor a Dios llevaba a la sabiduría, el autoconocimiento conduce a la certeza de saber realmente quiénes somos. Don Quijote aclara que éste es el más difícil conocimiento que podamos imaginarnos. Seremos soberbios, modestos, violentos, tranquilos, benevolentes, implacables, tiernos, pero lo más importante consiste en saberlo previamente para que cuando lleguen los momentos de acción sepamos mantener a raya a nuestra humana naturaleza. Derivado del autoconocimiento llegará la necesaria modestia. Dice el narrador: “Del conocerte saldrá el no hincharte...” El lenguaje figurado sirve aquí para proporcionar un ejemplo intertextual tomado de la tradición de las fábulas. Quien pretenda crecer más allá de sus posibilidades corre el riesgo de fracasar estrepitosamente: la rana no puede llegar a tener las dimensiones del buey sin lastimar su cuerpo. Esto último no implica de manera imprescindible que el ser humano posea aspiraciones, lo único es que estas búsquedas deben tener en cuenta nuestras capacidades y oportunidades: cada cosa en su momento. Por lo tanto, el tema propuesto es la humildad apoyada no sólo en quienes somos, sino también en quienes hemos sido; para indicar esto último el hidalgo retoma el lenguaje figurado y sostiene: “vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra”. Lo dicho no conlleva un desdén hacia los orígenes humildes, sino que es una advertencia para los soberbios que en el momento de actuar olvidan su pasado.
Es ésta la oportunidad para aludir a la recepción del mensaje por parte de Sancho, quien interviene para decirle a su señor: “-Así es la verdad -respondió Sancho, pero fue cuando muchacho; pero después, algo hombrecillo, gansos fueron los que guardé, que no puercos;”. El segundo personaje parece estar distraído del mensaje central y sólo presta atención al ejemplo figurado al que se ha recurrido para fundamentarlo. Con esto se introduce además una nota jocosa, porque tanto da guardar puercos como gansos; el resultado a nivel del símbolo buscado es el mismo. Ahora bien, no nos dejemos llevar por las apariencias, porque en varios momentos de su gobierno Sancho pondrá en ejercicio algunas de las recomendaciones de su señor. Lo veremos después de analizar el tercer consejo.
La humildad del linaje. Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque, viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que, de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran.
La tercera recomendación exhorta al humilde Sancho para que se sienta orgulloso de su origen por más insignificante que éste fuera. Así se perfilan y ofrecen nuevos temas que involucran la axiología de la modestia y la sencillez:
No importa que provengas de labradores “porque viendo que no te corres ninguno se pondrá a correrte”. Cuánta sabiduría hay en esta precisión, y así lo vemos a diario y hasta en los más mínimos detalles. La naturaleza humana resulta bastante propensa a la crítica y con frecuencia el hombre ve la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio, como dice la Biblia. Ahora bien, si anticipándonos a la censura de los demás somos nosotros los primeros en señalar nuestros errores o defectos, los dejaremos sin argumentos, porque al ver que no nos preocupa ni nos avergüenza lo acontecido, ellos no podrán deleitarse con nuestro mal. Si Cyrano de Bergerac en la obra homónima de Rostand se burla de su larga nariz, no dejará opción a otros de que lo hagan mejor que él.
Es preferible ser “humilde virtuoso” que “pecador soberbio”. El contraste entre ambas condiciones humanas es obvio; la predilección por la primera de ellas subraya el alto contenido moral y ético en donde la virtud nos pondrá por encima de nuestra propia humildad.
Por último, son muchos los hombres humildes que han llegado a altos cargos y esto da fundamento al individuo para continuar luchando a pesar de las circunstancias adversas de su pasado
Veremos en seguida de qué manera Sancho aplica este consejo en la ínsula Barataria.
En el capítulo XLV, cuando empieza su administración, el escudero quiere saber qué decía un cartel que se hallaba frente a él. Le aclaran que “allí está escrito y notado el día en que vuestra señoría tomó posesión de esta ínsula, y dice el epitafio: “Hoy día [...] tomó posesión de esta ínsula el señor don Sancho Panza, que muchos años lo goce”.
El novel gobernador les increpa en seguida: “-Pues advertid, hermano -dijo Sancho-, que yo no tengo don, ni en todo mi linaje le ha habido; Sancho Panza me llaman a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi abuelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones ni donas”.
Con el ejemplo queda fundamentado que el escudero “hace gala de su linaje” y para nada se arrepiente de su procedencia humilde. En el primer capítulo del presente volumen hicimos referencia al significado de la expresión don el cual connota para aquel momento un determinado grado de nobleza.
La sangre se hereda. Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen de príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
El tema de la virtud continúa presente en esta recomendación, mientras don Quijote arremete contra la aristocracia y su falso orgullo. En el renacimiento hizo crisis en España la situación de la nobleza, la cual vivía duros momentos; la clase nobiliaria se desgastaba cada vez más, pero se negaba a morir.
Actitud recomendada hacia los parientes. Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes; antes le has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada.
Es preciso acoger con orgullo a tus parientes cuando vengan a verte, porque no debemos rechazar con nuestras actitudes aquello que el cielo ha hecho. Observemos un ejemplo clásico de sinécdoque cuando nombra al cielo en lugar de Dios; la sinécdoque es una figura retórica que consiste en designar una cosa con el nombre de otra, que no es más que una parte de ella.
En fin, este respeto a la familia es básico aun cuando los miembros de ella sean muy humildes. Los seres humanos que se avergüenzan de sus padres se niegan a sí mismos.
Si trajeres a tu mujer... Si trajeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enséñala, doctrínala y desbástala de su natural rudeza, porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta.
El caso de la mujer si bien queda circunscrito al dominio familiar, parece representar para el marido mucho mayor responsabilidad; por eso es necesario que el esposo la prepare para la nueva tarea que le aguarda: “enséñala, doctrínala, desbástala de su natural rudeza...”
Dos factores debemos considerar aquí: Por un lado, la desventaja cultural de la mujer de esa época en comparación con el hombre; a lo largo de los siglos la fémina ha tenido que luchar para alcanzar mayor respeto por parte de la sociedad y en particular, por parte del hombre. En segundo término, cierta misoginia del personaje quien considera la opción de un “gobernador discreto” en abierta oposición con una “mujer rústica y tonta”. Cervantes, a través de su personaje parece olvidar que muchas voces femeninas han prevalecido por encima de la imagen de su cónyuge o, por lo menos, no considera que éste sea el caso con la esposa de Sancho.
Si acaso enviudares. Si acaso enviudares, cosa que puede suceder, y con el cargo mejorares de consorte, no la tomes tal, que te sirva de anzuelo y de caña de pescar, y del no quiero de tu capilla, porque en verdad te digo que de todo aquello que la mujer del juez recibiere ha de dar cuenta el marido en la residencia universal, donde pagará con el cuatro tanto en la muerte las partidas de que no se hubiere hecho cargo en la vida.
Si asumimos que para la época era mayor la mortandad de la hembra en relación con el macho humano, puede suceder que llegara prematuramente el estado de viudez para el gobernador. Agrega: “Y con el cargo mejorare de consorte”. Otra enorme realidad que observamos a nivel social; muchas veces puede más que el amor el dinero y el poder; por ello se llegaría a “mejorar su consorte”, como lo han hecho y lo seguirán haciendo gobernadores y sustentadores del poder en todas las latitudes.
Nuevamente se yergue otra triste posibilidad para la mujer: “No la tomes tal que te sirva de anzuelo o de caña de pescar”. Estaríamos así ante la fémina objeto que a veces los mandamás usan para conseguir favores de otros. La triple metáfora: anzuelo, caña de pescar y del no quiero de tu capilla lo explica de manera suficiente. Por lo tanto, para ser un “buen anzuelo” en “la caña de pescar” se requiere de un atractivo físico que la nueva mujer presumiblemente sustente, porque de la misma forma que ella se acercará atraída por el poder o el dinero, él -el gobernador- buscará en ella juventud y belleza para satisfacer su nueva necesidad amorosa.
Hay aquí un llamado de atención que involucra la presencia de aquel Dios del primer consejo. En la residencia universal -nueva metáfora- pagará no sólo por él, sino también y mucho más por aquello a lo que hubiera inducido a su cónyuge; es así que existe una corresponsabilidad moral en la relación marido-esposa, en donde uno puede llegar a ser culpable por las acciones compartidas o motivadas en el otro.
Hasta aquí los consejos han hablado del temor divino, del Autoconocimiento, de la humildad, la virtud, la familia, de la antigua y nueva esposa; a partir de este momento el gran tema será la justicia y su administración equitativa y eficiente. Veían con horror al renacimiento porque la tortura era usada para arrancar confesiones y hoy, siglo XXI “avanzado y culto”, no de todos los países se han desterrado estas prácticas y el nivel de justicia de muchos de ellos, continúa en predicamento. De aquí la actualidad del mensaje cervantino, la perenne vigencia de estas recomendaciones que tanto el personaje como el escritor han padecido en carne propia.
La equidad. Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.
Si debiéramos escoger entre el rigor y la condición compasiva de un juez, nos inclinaríamos -siguiendo la línea conceptual que el personaje plantea- por la segunda opción, dado que “ser compasivo” supera en mucho a las exigencias de quien desea sobresalir por el excesivo rigor. El delincuente o quien presume serlo está en las manos de un juez y de él espera equidad como supuesto básico para enfrentar el futuro que le aguarda. El narrador sabe y en esto transparenta la propia imagen del escritor, que proceder con el equilibrio suficiente para no castigar al inocente y exentar al culpable es difícil. Volvemos a insistir en los métodos de aplicación de justicia que imperaban en el renacimiento y nos sentimos tristemente conmovidos por la suerte de quien cayera en desgracia. Por supuesto que había individuos como los galeotes del capítulo XXII de la primera parte a quienes al verlos nada más no nos quedaba duda alguna de su irredenta condición; pero hay otros que son inocentes y la maquinaria de la “justicia” igual arrasa con ellos al no contar entre sus posibilidades con una buena defensa o con el dinero suficiente -no para comprar al juez- sino para pagar una fianza adecuada, o para instrumentar a su favor todos los recursos legales que fuera posible encontrar. En resumidas cuentas, el hidalgo aconseja en el marco de un equilibrio sustancial que sin duda debe ser una norma de existencia para la actuación social o profesional de cada uno de nosotros.
El peso de la misericordia. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.
Quien habla ha insistido mucho en la corrupción y sus problemas, y ahora hace referencia al valor de la misericordia, la cual debe estar muy por encima de la dádiva. La misericordia es además un referente bíblico por excelencia que implica -como su etimología lo expresa- el ser capaz de amar a la condición miserable del otro, de nuestro igual, de nuestro hermano.
El enemigo rinde cuentas ante la justicia. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres, las más veces, serán sin remedio; y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu hacienda.
Ha sido nefasta tradición en algunas culturas el juzgar al enemigo con la parte angosta del embudo; exigirle todo y no concederle nada, tan sólo porque es o ha sido nuestro oponente. Don Quijote aconseja mesura, mediante la cual se juzgará tan sólo la verdad del caso y de ninguna manera cualquier otra circunstancia ajena a éste. Muchas veces los esquemas legales son empleados para represalias políticas y esto, en verdad, no se vale. En todas las ocasiones en que un magistrado actúa está en juego su prestigio; por ello es de hacer notar que cuando la sociedad sepa que el juzgado es un enemigo del juez, estará atenta a su proceder y, por esto, no hay que perder ni el equilibrio ni la compostura, porque no será éste el mejor momento para vengarse de alguien que nos ha perjudicado o es nuestro rival.
Justicia para una mujer hermosa. Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.
La equidad del juez debe mantenerse siempre, y ante las lágrimas y gemidos de la mujer hermosa citada sólo debe oírse la esencia de lo que pide, sin considerar la apariencia externa engañosa que las lágrimas transparentan.
Muéstrate piadoso y clemente. Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente, porque, aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia.
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BIBLIOGRAFÍA

El Quijote como obra de arte del lenguaje Consejo superior de investigaciones científicas revista de filología española _ Anexo LXXXIII Madrid, 1966
Flores, Alfonso. (1991). Análisis de Don Quijote de la Mancha. Editorial Voluntad, Bogotá Colombia.

Maradiaga, Salvador de. (1993) Guía del lector del “Quijote”. Ensayo psicológico. Editorial Fernández Arce, San José, Costa Rica.
Maravall Jose antonio : Utopía y Contrautopía en el Quijote . Editorial Pico sacro, 1976
Mondada, Ana Victoria. (1988) Apuntes autodidácticos para estudiantes. El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Fernández Editores. México.
Neira, Ángela. Contexto Psicológico - Social del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. En Cilampa. Revista Universitaria de Madrid.
Quintana Tejera, Luis. ( 2007) Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
Varela Barboza, Marubeni. Sandino, Wálter. (1997) Español 11. Ediciones Marwal de Heredia. C.R.

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